
¿Acaso tiene alguna norma? ¿Algo la limita? ¿Cual será el sabor más rico del mundo? Tus hombros son de vainilla y jazmín. Ella lo sabe. Quiere cavar un túnel desde tu ombligo hasta el principio del universo. Justo hasta el kilómetro cero del mundo. Regresan tus labios de pez al pozo en tu dedo anular, te hundes, te zambulles, te clavas, te tiendes. Descansas.
Te recorre con sus manos, te camina, te abraza, te desanda hasta desnudarte de tu misma piel, de tu mismo ciclo vital, de tu propio latido.
“No, ella no tiene otra norma que no sea esta: morir. Morir en tu cuerpo si es preciso.”, piensa y se desboca, se cae, se fractura y repta por tu vientre con las piernas rotas y calientes. Quiere que pierdas la memoria, el tiempo. Te quiere. “Twisted & Sick” te quiere.
Te chupa, te colorea, te lame, te cuenta, te bosteza, te succiona, te deporta. Ella te conjuga en todos los verbos.
Quiere que llegues al arrebato mismo, al fuego mismo, al reverso del universo, al centro que late y es como una flor que lo mantiene todo vivo, al inverso de tu espalda gráfica y melómana.
Se pincha hasta que sangra, la gota tranquila dibuja las sábanas y pacto cerrado. “Venus as a boy”, el sabor más rico. Con tu mixtura de jazmines, vas a volverla loca, entretanto, se pone un anillo en cada dedo y suavemente baja las escaleras.





